• Daniel Elmir

Quito, ¿una ciudad sostenible?

Varias voces piden que en ciudades como Quito no se construyan edificios altos, sin embargo, olvidan que un modelo expansivo destruye el medioambiente al agrandar la mancha urbana. La cumbre Hábitat III estableció que las ciudades crezcan en altura hasta lograr densidades adecuadas, para garantizar una mejor calidad de vida para sus ciudadanos.


Buscar la sostenibilidad en las ciudades ecuatorianas supone re plantear la forma en que las mismas crecen. No podemos seguir con un modelo expansivo que destruye la frontera agrícola y el medio ambiente.


¿Qué es una ciudad sostenible?


Es aquella que logra mantener una calidad de vida óptima para sus habitantes, respetando el medio ambiente y el tejido social propio de cada región.

Para lograr ciudades sostenibles es primordial que comencemos a planificar en escala humana, escuchar al ciudadano en sus necesidades, anhelos y por sobre todo, su cultura para poder encontrar la respuesta a los problemas que aquejan a nuestras ciudades.


Colocar al individuo como el eje central del desarrollo urbano nos llevará a ciudades que sean mucho más vivibles y por tanto sostenibles a largo plazo.


La sostenibilidad debe ir de la mano del crecimiento poblacional; según la ONU, para 2050 el 66% de la población humana estará asentada en ciudades, esto conlleva a que nos replanteemos la forma en la cual nuestras ciudades crecerán en los años venideros.


La cumbre Habitat III, que se desarrolló en Quito en el año 2016, concluyó que la forma en la que se debe crecer las ciudades ecuatorianas es con desarrollo en altura hasta lograr densidades óptimas, que garanticen una mejor calidad de vida para sus ciudadanos.




En Quito, actualmente tenemos una población de 2’011.388 habitantes según el Instituto Nacional de Estadística y Censos. Y un área de 372 kilómetros cuadrados, dando como resultado una densidad poblacional de 5400 hab/km2.


El principal problema de Quito es que tiene un crecimiento horizontal mal planificado que repercute en la calidad de vida de los ciudadanos al perder los pocos espacios verdes que aún quedan en los valles aledaños y hacer que las personas tengan que desplazarse largas horas en el tráfico.


Para resolver este problema, tenemos una oportunidad importante hoy que se están discutiendo el nuevo Plan Metropolitano de Desarrollo y Ordenamiento Territorial (PMDOT) y el Plan de Uso y Gestión de Suelo (PUGS) Dos instrumentos claves para la planificación urbana de los próximos años.


La tendencia a nivel mundial es organizar las ciudades en función de que sean accesibles en 15 minutos a pie o en bicicleta, es decir, ciudades compactas con usos múltiples en sus desarrollos inmobiliarios y todos los servicios cercanos para que las personas deban movilizarse lo menos posible en automóviles.


Hacer lo mismo en nuestra ciudad es posible, solamente depende de la decisión de las autoridades para utilizar los fondos que se generan por concesión onerosa de derechos por suelo creado (compra de pisos) en labores de regeneración urbana dentro de las zonas que actualmente están deprimidas como la 10 de agosto. Este mejoramiento urbano va a permitir que exista una mayor demanda por volver a vivir en la meseta consolidad de Quito, especialmente en el eje que cubre el Metro.


Pero esta regeneración urbana debe estar pensada a escala humana. Como dice Jan Gehl, hay que darle prioridad a los peatones, ciclistas y transporte público por sobre el auto privado, crear un espacio público de calidad por el cual las personas estén dispuestas a transitar, consumir y generar comunidad.


Pensar, por ejemplo, en ampliar las aceras en determinadas zonas y crear súper manzanas es una idea que se debe considerar seriamente para dotar a las personas de un mayor espacio público, pero ese espacio debe estar pensado desde lo que la ciudadanía requiere. Habrá espacios para cultura, otros para juegos y otros simplemente para caminar; la clave se encuentra en escuchar lo que buscan las personas para un determinado espacio.


En fin, lograr que Quito sea una ciudad sostenible es posible si es que todos remamos hacia la misma orilla y empujamos que se genere una planificación adecuada para los próximos años. Seamos parte del cambio, participemos activa y positivamente en las discusiones de los planes de ciudad, dejemos de ser simples “opinadores Profesionales” o simples espectadores.



Daniel Elmir

Desarrollador Inmobiliario




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